Problema obrero a inicios del siglo XX
A inicios de 1900 miles de peruanos trabajaban en fábricas, minas y puertos hasta 14 o 16 horas al día por un pago muy bajo. Obrero era quien no era dueño de la fábrica ni de la mina y solo vendía su fuerza por un salario. No tenían descanso dominical, vacaciones ni seguro médico, mujeres y niños trabajaban igual y ganaban menos, y en la sierra central sufrían el enganche de la Cerro de Pasco Copper Corporation.
El problema obrero estalló porque durante la República Aristocrática crecieron fábricas, ferrocarriles, puertos y minas, mientras la Primera Guerra Mundial encareció la comida y el sueldo ya no alcanzaba. A esta carestía de la vida se sumaron nuevas ideas difundidas por periódicos e intelectuales como Manuel González Prada. Los obreros pasaron de las mutuales de ayuda a los sindicatos, uniones del mismo oficio para defenderse juntos, bajo la influencia del anarcosindicalismo entre 1905 y 1919.
Sus medios de lucha fueron la huelga, dejar de trabajar todos juntos para presionar, los periódicos La Protesta, Los Parias y El Oprimido, los líderes Delfín Lévano y Manuel Caracciolo Lévano, y las federaciones como la Federación Obrera Regional Peruana de 1912 y la Federación Obrera Local de Lima de 1918, con el 1 de mayo como Día del Trabajador desde 1906. Los hitos fueron Vitarte en 1906 y 1911, Chicama en 1912, Callao en 1913, Malpaso en 1917 y la huelga general de Lima y Callao de 1918 a 1919.
Aunque hubo represión del ejército, lograron las primeras leyes sociales del Perú: la Ley de Accidentes de Trabajo N.º 1378 de 1911 con Leguía, la reglamentación del trabajo de mujeres y niños de 1918, el descanso dominical y sobre todo la jornada de 8 horas decretada el 15 de enero de 1919 por José Pardo y Barreda tras la huelga del 13 al 15 de enero. El presidente Guillermo Billinghurst había apoyado a los obreros entre 1912 y 1914, y el Estado aprendió que ya no podía ignorarlos.