Burguesía en el siglo XVIII
La burguesía del siglo XVIII era el grupo que tenía el dinero pero no tenía el poder. Era gente de ciudad que vivía de su trabajo y de sus negocios —comercio, fábricas, banca y profesiones como abogado o médico— y no de títulos de nobleza. Viene de burgo, la ciudad medieval con mercado, pero en el XVIII ya es mucho más amplia y rica.
Se hizo fuerte paso a paso. Primero, con más comercio atlántico de azúcar, algodón y telas en ciudades como Londres, Ámsterdam y Burdeos. Segundo, con más industria, poniendo el capital para talleres, fábricas, carbón y máquinas. Tercero, con más saber, estudiando en la universidad y leyendo libros y periódicos. El resultado fue una contradicción: riqueza mayor que poder, que se resume en riqueza + exclusión = revolución.
Estaba enojada porque sufría tres frenos diarios dentro del Antiguo Régimen. No tenía poder político porque el absolutismo reservaba las decisiones y cargos altos a los nobles. No tenía igualdad legal porque pagaba casi todos los impuestos mientras nobles y clero estaban exentos. No tenía prestigio porque, aunque fuera rica, pertenecía al Tercer Estado, el grupo de los no privilegiados.
No era un grupo igual. La alta burguesía de banqueros y armadores imitaba lujos nobles y quería entrar al gobierno; la media de abogados y médicos, educada en la Ilustración, pedía leyes iguales; la baja de tenderos y artesanos vivía al día y se unía al pueblo por el pan. Unida por el liberalismo, que pedía libertad de comercio, voto e igualdad ante la ley, financió libros, periódicos y cafés. Así pasó de quejarse a liderar el cambio, como muestra el comerciante Jean en Burdeos en 1789, y se convirtió en la líder social de las revoluciones liberales.