Monarquía Absolutista en España
En España, entre 1475 y 1750, el rey concentró todo el poder político, militar y religioso. Hacía las leyes, dirigía el ejército y controlaba la fe, sin constitución ni parlamento que lo limitara. Justificaba su autoridad diciendo que venía directamente de Dios, por lo que desobedecerlo era pecado.
Todo empezó con los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, casados en 1469. Castilla y Aragón se unieron dinásticamente sin fusionarse, manteniendo cada uno sus leyes. Para mandar más crearon la Santa Hermandad, los corregidores, los Consejos Reales y la Inquisición de 1478, conquistaron Granada en 1492 y sometieron a la nobleza.
El apogeo llegó con los Austrias mayores. Carlos I heredó un imperio mundial y aplastó a los Comuneros en 1521. Su hijo Felipe II, que reinó 42 años entre 1556 y 1598, gobernó desde El Escorial con Consejos, fijó la capital en Madrid en 1561 y sostuvo a los Tercios con el oro y la plata de América.
Con los Austrias menores, Felipe III, Felipe IV y Carlos II, el poder siguió siendo absoluto pero lo ejercieron los validos como Lerma y Olivares en medio de guerras, crisis y la derrota de Rocroi en 1643. Finalmente, los Borbones impusieron el centralismo total: tras la Guerra de Sucesión, Felipe V dictó los Decretos de Nueva Planta entre 1707 y 1716 y toda España se gobernó con las leyes de Castilla mediante intendentes del rey.