Civilización griega: polis, democracia y razón
La civilización griega no fue un solo imperio unido, sino un conjunto de pueblos de lengua griega que vivieron entre el 2000 a.C. y el 146 a.C. Su centro estuvo en la península Balcánica, las islas del mar Egeo y la costa de Asia Menor. Compartían idioma, dioses y costumbres, pero cada ciudad era políticamente independiente.
La base de esa independencia fue la polis o ciudad-estado, con su propio gobierno, leyes, ejército y territorio. Cada polis tenía una acrópolis, la colina fortificada con los templos principales, y un ágora, la plaza pública para el mercado y el debate político. Su historia avanzó por etapas: Minoico y Micénico con palacios y guerreros, Oscuro con pérdida de la escritura, Arcaico con nacimiento de polis, Olimpiadas y colonias, Clásico con el esplendor de Atenas, y Helenístico con la expansión de Alejandro Magno.
Las dos polis más famosas fueron opuestas. Atenas desarrolló la democracia, gobierno del pueblo en asamblea, y educaba en letras, música, debate y deporte. Esparta mantuvo una oligarquía de dos reyes y consejo de ancianos, con educación solo militar desde los 7 años. Además existieron la tiranía, gobierno de uno que toma el poder por la fuerza, y la aristocracia, gobierno de los nobles.
Su gran legado es cultural. Eran politeístas y adoraban a Zeus, Atenea y Apolo en el monte Olimpo. Crearon la filosofía como amor por la sabiduría con Sócrates, Platón y Aristóteles, la medicina racional con Hipócrates, la historia con Heródoto y Tucídides, y las matemáticas con Pitágoras y Euclides. En arte dejaron el teatro de tragedias y comedias, esculturas de cuerpos perfectos y templos de columnas dóricas y jónicas, como el Partenón del Siglo de Pericles en el Periodo Clásico.