Consecuencias de las Conductas de Riesgo
Una conducta de riesgo no termina cuando la haces. Es como cruzar la pista con los ojos cerrados: aunque hoy no te pase nada, aumentas la probabilidad de un daño en tu cuerpo, tu mente, tus relaciones y tu futuro.
Una consecuencia es el resultado dañino que puede seguir a esa conducta. No siempre es inmediata ni segura, pero siempre es más probable que si no hicieras la conducta. El daño es acumulativo: cada repetición suma un poco más, como rayar todos los días la misma mesa. Y algunas consecuencias son irreversibles, no se pueden borrar del todo, como un daño pulmonar o un antecedente penal.
Las consecuencias casi nunca vienen solas, vienen en cadena como fichas de dominó. Hay consecuencias directas, el daño inmediato como una intoxicación o una infección, y consecuencias indirectas, lo que viene después por culpa de la primera, como peleas en casa, bajas notas o depresión. Por eso el riesgo se entiende como Probabilidad x Severidad: qué tan posible es que pase y qué tan grave sería si pasa.
Existen cinco tipos que debes reconocer: físicas, psicológicas, sociales y familiares, académicas y económicas, y legales. Aparecen en corto plazo en horas o días, en mediano plazo en semanas o meses, y en largo plazo en años, y se agravan por repetición. El caso de Camila, que vapea a diario, muestra la cadena completa: tos y dependencia, ansiedad, gasto, conflictos y bajas notas. Prevenir es más fácil que reparar.