Sistema respiratorio: del aire a la energía
El sistema respiratorio existe para un recambio continuo: meter O2 y sacar CO2. Tus células necesitan ese O2 para convertir el alimento en energía usable en las mitocondrias. Sin este recambio, te quedarías sin energía en pocos minutos.
Respirar encadena 3 trabajos. La ventilación mueve aire dentro y fuera de los pulmones, como inflar y desinflar un globo. El intercambio de gases hace el trueque de O2 por CO2 entre el aire y la sangre. La respiración celular usa ese O2 dentro de la célula para fabricar energía. Es como una estufa a leña: ventilas para que entre aire, lo llevas hasta la estufa y quemas la leña para dar calor.
El aire sigue siempre la misma ruta: fosas nasales, faringe, laringe, tráquea, bronquios, bronquiolos y alvéolos, dentro de los pulmones esponjosos. Las fosas nasales filtran, calientan y humedecen. La epiglotis en la laringe cierra el paso al tragar. La ventilación no es que los pulmones chupen aire: en la inspiración el diafragma baja y las costillas suben, el pecho se agranda y el aire entra; en la espiración el diafragma sube y las costillas bajan, el pecho se achica y el aire sale.
En el alvéolo rodeado de capilares ocurre el trueque por difusión, el paso de mucho a poco sin gastar energía. Hay mucho O2 en el alvéolo y poco en la sangre, así que el O2 pasa a la sangre y el CO2 hace lo contrario para ser expulsado. La hemoglobina en los glóbulos rojos atrapa el O2 y lo lleva a los tejidos, donde el O2 entra a las células y el CO2 entra a la sangre. En la célula se produce ATP, la moneda de energía: glucosa más O2 da CO2 más agua más ATP. Por eso al exhalar botas CO2 y vapor de agua.