Ley de gravitación universal
Todo lo que tiene masa se atrae. La Tierra te jala hacia abajo y tú también jalas a la Tierra hacia arriba. Esa atracción mutua entre todas las masas del universo es la gravitación. Es como una cuerda invisible que une a cualquier par de objetos y nunca se corta, solo se hace más débil con la distancia.
Isaac Newton resumió esta idea en una sola ley que sirve para una manzana y para un planeta: la fuerza es directamente proporcional a las masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. En fórmula es F = G por m1 por m2 sobre r al cuadrado, donde m1 y m2 se miden en kg, r es la distancia entre centros en m, F es la fuerza en N y G es la constante de gravitación universal. G vale 6,674 por 10 a la menos 11 y es tan diminuta que no sientes la atracción entre dos mochilas, pero sí la de la Tierra por su masa enorme.
La ley tiene tres reglas clave. Primero, a más masa, más fuerza: si duplicas una masa, la fuerza se duplica. Segundo, a más distancia, mucho menos fuerza: si la distancia es 2 veces mayor, la fuerza es 4 veces menor, y si es 3 veces mayor, es 9 veces menor. Tercero, siempre atrae y va en línea recta: nunca empuja, actúa sobre la línea que une los centros y cumple acción y reacción con igual fuerza en sentidos opuestos.
Tu peso es un caso directo de esta ley. Para una persona de 60 kg en la superficie terrestre, con M = 5,97 por 10 a la 24 kg y R = 6,37 por 10 a la 6 m, la fuerza resulta de unos 589 N. Por eso el peso se escribe como F = m por g, donde g = G por M sobre R al cuadrado. En la Tierra g vale 9,8 m/s2 y depende solo del planeta, no de tu masa.