Sujeto, razón y conocimiento
En la filosofía moderna la pregunta más importante cambió: ya no es solo qué hay en el mundo, sino cómo puedo yo estar seguro de conocerlo. La respuesta pone al sujeto que conoce y a su razón en el centro de todo conocimiento. La mente es como la cámara de un celular con filtro: el objeto es el paisaje real, el sujeto es quien toma la foto y la razón es el filtro y el enfoque. Nunca vemos el paisaje puro, siempre lo vemos a través de nuestra cámara.
El gran giro moderno va del mundo al yo. Antes Dios era la garantía de la verdad, en la modernidad esa garantía se rompe y el nuevo punto de partida es el yo. René Descartes aplica la duda metódica: dudar de todo lo dudoso para hallar algo seguro. Puedo dudar de los sentidos porque engañan y puedo dudar de estar despierto porque podría soñar, pero no puedo dudar de que dudo y pienso. De ahí nace pienso, luego existo, y el sujeto se vuelve el primer fundamento del conocimiento. Conocer exige además justificación: C = Creencia + Verdad + Justificación.
Una vez el sujeto está en el centro hay una pelea sobre su mejor herramienta: ¿la razón o los sentidos? El racionalismo de Descartes, Spinoza y Leibniz dice que la fuente es la razón con ideas innatas, usa la deducción de lo general a lo particular y tiene como modelo las matemáticas, como 2+2=4. El empirismo de Locke, Berkeley y Hume dice que la fuente es la experiencia, la mente es una hoja en blanco, usa la inducción de muchos casos a una regla y tiene como modelo la ciencia que observa, como probar si el fuego quema. Su límite lo marca Hume: nunca vemos la causa, solo costumbre, no hay certeza total.
Immanuel Kant une a los dos con una idea revolucionaria: el sujeto no es un espejo pasivo que copia, es activo y construye. Solo conocemos el fenómeno, lo que aparece ya ordenado por nuestra mente, y no el noúmeno, la cosa en sí sin filtro, que existe pero no se puede conocer directamente. Conocemos gracias a las categorías, moldes de la razón como espacio, tiempo y causa-efecto. Por eso decir sé que el Sol saldrá mañana es un conocimiento probable y útil sobre el fenómeno, válido para vivir, pero no una certeza matemática absoluta.