Mapa mental de los adjetivos
Los adjetivos son palabras que acompañan al sustantivo para indicar cómo es o cuál es. Sin ellos la comunicación resulta genérica: decir «casa» no aporta detalles, pero decir «casa alta y amarilla» permite identificar, imaginar y distinguir ese objeto concreto. Se les puede comparar con etiquetas o stickers que se pegan a una caja: la caja sigue siendo caja, pero gracias a la etiqueta sabemos exactamente cuál es y cómo tratarla. De forma más técnica, un adjetivo es una palabra variable que modifica directamente al sustantivo, es decir, que le agrega información.
La propiedad de ser variable significa que el adjetivo cambia de forma según el sustantivo al que acompaña, y lo hace en dos aspectos: género (masculino o femenino) y número (singular o plural). Así, decimos «niño alto», «niña alta», «niños altos» y «niñas altas». Este ajuste automático entre el sustantivo y el adjetivo recibe el nombre de concordancia, y funciona como un detector de errores: si la frase no concuerda, se nota de inmediato que suena mal (por ejemplo, «mochilas pesados» o «día lluviosa»). Todo adjetivo cumple tres reglas sencillas: siempre necesita un sustantivo, copia su género y su número, y puede ubicarse antes o después del sustantivo sin dejar de referirse a él.
Los adjetivos se organizan en dos grandes familias. Los calificativos describen cómo es el sustantivo y responden a la pregunta ¿cómo es?; dentro de ellos están los especificativos, que distinguen a uno entre varios («el vino dulce») y suelen ir después del sustantivo, y los explicativos, que resaltan una cualidad obvia y, cuando solo adornan, se denominan epítetos («la blanca nieve»). Los determinativos, en cambio, señalan cuál es y responden a preguntas como ¿cuál?, ¿cuántos? o ¿de quién?; comprenden los demostrativos (este, ese, aquel), los posesivos (mi, tu, su), los numerales (cardinales como dos o diez, y ordinales como primero o segundo), los indefinidos (algún, varios, poco, mucho, otro) y los interrogativos o exclamativos (qué, cuál, cuánto). Un detalle importante es la apócope, o pérdida del sonido final: algunos adjetivos se acortan antes de un sustantivo masculino singular, como «bueno» que pasa a «buen» y «grande» que pasa a «gran».
Finalmente, los adjetivos expresan intensidad a través de los grados. El positivo presenta la cualidad sin comparación («película divertida»); el comparativo enfrenta dos elementos en superioridad («más divertida que»), igualdad («tan divertida como») o inferioridad («menos divertida que»); y el superlativo expresa la intensidad máxima, ya sea de forma absoluta («divertidísima», «muy divertida») o relativa dentro de un grupo («la más divertida de la clase»). Para analizar una oración basta seguir cuatro pasos: localizar los sustantivos, preguntar ¿cómo es? y ¿cuál es? para atraer a los adjetivos, clasificar cada adjetivo según su familia y, por último, verificar la concordancia de género y número.