Biomoléculas inorgánicas: agua, sales minerales y CO₂
Las biomoléculas inorgánicas son moléculas sencillas que forman parte de los seres vivos y carecen de un esqueleto de carbono con cadenas, a diferencia de azúcares, lípidos o proteínas. Sus tres protagonistas son el agua (H₂O), las sales minerales (como el NaCl) y el dióxido de carbono (CO₂). Aunque parecen simples, son las que sostienen el funcionamiento diario de la célula: la vida ocurre dentro del agua y las sales y el CO₂ controlan lo que pasa en ese medio. Una buena analogía es una piscina: el agua sería la piscina misma, y las sales y el CO₂ serían el cloro y el control del pH; poco visibles pero imprescindibles.
El agua es la molécula más importante: su oxígeno central atrae más los electrones, lo que la hace polar, con un lado ligeramente negativo (oxígeno) y otro ligeramente positivo (hidrógenos). Esta polaridad permite que se formen puentes de hidrógeno, atracciones débiles entre moléculas que, sumadas por millones, resultan muy fuertes. De ahí nacen sus propiedades clave: es el disolvente universal (disuelve solutos como sales y azúcares; en la sangre el agua es el disolvente y las sales los solutos), presenta cohesión (se pega a sí misma) y adhesión (se pega a otras superficies) para circular por tubos finos como los vasos sanguíneos o los tallos de las plantas, tiene un alto calor específico que estabiliza la temperatura corporal, un alto calor de vaporización que permite enfriarnos al sudar, y su estado sólido (hielo) es menos denso que el líquido, por lo que flota y protege a los organismos acuáticos.
Las sales minerales son compuestos formados por iones, átomos con carga eléctrica por ganar o perder electrones. Pueden aparecer disueltas como iones —regulando el agua dentro y fuera de la célula— o precipitadas como sólidos —formando estructuras duras—. Entre los iones más relevantes están Na⁺ y K⁺ (agua e impulso nervioso), Ca²⁺ (huesos, dientes y contracción muscular), Mg²⁺ (enzimas y clorofila), Fe²⁺ (hemoglobina y transporte de oxígeno) y Cl⁻ y HCO₃⁻ (equilibrio hídrico y del pH). Como sales sólidas destacan el CaCO₃ y los fosfatos de caparazones, huesos y dientes. Todo esto se relaciona con el pH, la medida de acidez o basicidad que va de 0 a 14, siendo 7 neutro como el agua pura.
El CO₂ es un gas simple que conecta el mundo vegetal con el animal: las plantas lo fijan en la fotosíntesis (6 CO₂ + 6 H₂O ↔ C₆H₁₂O₆ + 6 O₂) y todas las células lo liberan en la respiración celular al oxidar azúcares para obtener energía. Además, en la sangre actúa como tampón o buffer mediante el equilibrio CO₂ + H₂O ↔ H₂CO₃ ↔ H⁺ + HCO₃⁻: si sobra ácido, el bicarbonato lo atrapa; si falta, el ácido carbónico libera H⁺. Así el pH sanguíneo se mantiene cerca de 7,4. Para estudiar el tema, conviene empezar por la polaridad del agua, enlazarla con sus propiedades, luego pasar a los iones y sus funciones, y cerrar con el ciclo CO₂-fotosíntesis-respiración y su control del pH.