Ácidos nucleicos: ADN y ARN
Los ácidos nucleicos son las biomoléculas encargadas de guardar, copiar y transmitir las instrucciones de la vida. Se trata de polímeros muy largos formados por la repetición de unidades pequeñas llamadas nucleótidos, que actúan como los monómeros de estas moléculas. Existen dos tipos fundamentales: el ácido desoxirribonucleico (ADN), que almacena la información hereditaria de forma estable y segura, y el ácido ribonucleico (ARN), que copia dicha información y la pone en funcionamiento dentro de la célula. Una analogía útil es el manual de instrucciones de un mueble: el ADN sería el manual original guardado en una caja fuerte (el núcleo), mientras que el ARN sería una fotocopia de una página que se lleva a la mesa de trabajo para poder leerla sin arriesgar el original.
Cada nucleótido está formado por tres partes: un grupo fosfato (que aporta el carácter ácido y la carga negativa a la molécula), una pentosa o azúcar de cinco carbonos (ribosa en el ARN y desoxirribosa en el ADN) y una base nitrogenada (A, G, C, T o U), que funciona como la «letra» que porta la información. Cuando los nucleótidos se encadenan, el grupo fosfato de uno se une al azúcar del siguiente mediante un enlace fosfodiéster entre el carbono 3′ y el carbono 5′, originando el esqueleto azúcar-fosfato, que es constante a lo largo de toda la cadena; lo único que varía es la secuencia de bases.
Las bases nitrogenadas se clasifican en purinas (adenina y guanina, de doble anillo) y pirimidinas (citosina, timina y uracilo, de anillo único). La timina aparece exclusivamente en el ADN y el uracilo exclusivamente en el ARN. Una regla básica es que una purina siempre se aparea con una pirimidina, lo que garantiza una anchura constante en la doble cadena. En el ADN el apareamiento es complementario: A con T (mediante 2 puentes de hidrógeno) y G con C (mediante 3 puentes de hidrógeno). De ello se deduce la regla de Chargaff, según la cual A = T y G = C en porcentaje, lo que permite calcular composiciones de bases y el número total de puentes de hidrógeno de un fragmento mediante la fórmula N = 2·n_AT + 3·n_GC.
La estructura del ADN corresponde a una doble hélice propuesta en 1953 por Watson y Crick a partir de los datos de difracción de rayos X obtenidos por Rosalind Franklin. Está formada por dos cadenas antiparalelas (una va de 5′ a 3′ y la otra de 3′ a 5′) enrolladas alrededor de un eje común; el esqueleto azúcar-fosfato queda en el exterior, en contacto con el agua, mientras que las bases quedan apiladas en el interior. Cada vuelta completa mide unos 3,4 nm y contiene aproximadamente 10 pares de bases. El ARN, en cambio, suele ser monocatenario y se pliega sobre sí mismo.
Finalmente, los ácidos nucleicos sostienen el flujo de la información genética: la replicación copia el ADN de forma semiconservativa gracias a la ADN polimerasa; la transcripción copia un trozo de ADN en ARN mensajero mediante la ARN polimerasa; y la traducción, dirigida por los ribosomas, convierte el mensaje del ARN en una proteína. El recorrido global es ADN → ARN → proteína, y todo comienza en los ácidos nucleicos.