Mapa mental: Oraciones compuestas
Una oración compuesta es aquella que contiene dos o más proposiciones. Una proposición es un grupo de palabras con su propio verbo conjugado que expresa una idea completa; por eso, contar los verbos conjugados es la forma más rápida de saber si estamos ante una oración simple o compuesta. En una oración simple hay un solo verbo conjugado (o un predicado nominal), por muchos complementos que lo acompañen: «Ana lee un libro interesante en su habitación» es simple porque solo hay el verbo «lee». En cambio, «Ana lee un libro mientras su hermano escucha música» es compuesta porque hay dos verbos conjugados («lee» y «escucha») que forman núcleos de dos proposiciones distintas.
Para que exista una oración compuesta hacen falta tres ingredientes: dos o más verbos conjugados (uno en cada proposición), un nexo o un signo de puntuación que las una, y una relación lógica entre ellas (que sean iguales, que se opongan o que una dependa de otra). Un matiz importante: en «Ana canta y baila» hay un solo sujeto que realiza dos acciones encadenadas, de modo que se trata de un predicado doble dentro de una oración simple; en «Ana canta y Pedro baila» sí hay dos proposiciones y, por tanto, una oración compuesta. La clave suele ser si cada verbo tiene su propio sujeto (expreso o elíptico) y cierta independencia sintáctica.
Las oraciones compuestas se clasifican en tres grandes tipos. Las yuxtapuestas unen sus proposiciones sin nexo, solo con un signo de puntuación (coma, punto y coma, dos puntos o puntos suspensivos), como en «Llegó a casa, cenó, se duchó y se durmió». Las coordinadas unen proposiciones independientes mediante nexos coordinantes y según la relación pueden ser copulativas (suma: «Estudié y aprobé»), disyuntivas (alternativa: «¿Vienes o te quedas?»), adversativas (oposición: «Es inteligente, pero es perezoso»), distributivas (alternancia repartida: «Unos ríen y otros lloran») o conclusivas (consecuencia: «Llovió así que no salimos»). Las subordinadas tienen una proposición principal de la que depende la subordinada, unida casi siempre por el pronombre «que»; según la función que cumplan, las subordinadas pueden ser sustantivas (hacen de sujeto, complemento directo o régimen: «Sé que vendrás»), adjetivas o de relativo (modifican a un sustantivo: «El chico que llegó tarde es mi primo») o adverbiales (complemento circunstancial de tiempo, lugar, modo, causa, condición, concesión, finalidad, comparación…: «Vendré cuando pueda»).
Para analizar una oración compuesta conviene seguir cinco pasos: primero se localizan todos los verbos conjugados para saber cuántas proposiciones hay; después se delimita cada proposición (cada fragmento con verbo y sentido propios); luego se identifican los nexos, porque el nexo marca la relación lógica y, por tanto, el tipo; a continuación se clasifica cada proposición; y por último se comprueba la jerarquía para ver cuál es el núcleo y cuáles dependen de él. Por ejemplo, en «Aunque estaba cansado, Pedro terminó el trabajo porque tenía prisa y luego descansó» hay cuatro verbos y cuatro proposiciones: «Aunque estaba cansado» (subordinada adverbial concesiva), «Pedro terminó el trabajo» (principal y núcleo), «porque tenía prisa» (subordinada adverbial causal) y «y luego descansó» (coordinada copulativa con sujeto elíptico «Pedro»).
Un truco infalible para detectar una subordinada es intentar sustituirla por «eso», «algo» o por un infinitivo: «Sé que vendrás» → «Sé eso» encaja, así que «que vendrás» es subordinada; en cambio, «Estudié y aprobé» no admite «Estudié eso aprobé», luego son proposiciones coordinadas. Entre los errores frecuentes están confundir coordinación con subordinación (si las proposiciones son del mismo peso y pueden intercambiarse, son coordinadas; si una no tiene sentido sola, es subordinada), olvidar los sujetos elípticos, creer que «y» siempre crea oraciones compuestas e ignorar la puntuación, que en las yuxtapuestas cumple la función de nexo.