Derivación: formación de palabras nuevas
La derivación es el proceso de formación de palabras mediante el cual, a partir de una palabra que ya existe (la base o primitiva), se crea otra palabra nueva añadiéndole uno o varios afijos (prefijos, sufijos o interfijos). El resultado es una palabra derivada que conserva una relación de significado con la base, pero que suele expresar un matiz nuevo (tamaño, oficio, cualidad, negación, acción, procedencia…) y, con frecuencia, pertenece a otra categoría gramatical. Su estructura básica es: palabra derivada = base + afijo.
En torno a la base se organizan los demás conceptos. La base es la palabra mínima que existe por sí sola y de la que partimos (en panadero, la base es pan). El afijo, también llamado morfema derivativo, es una pieza pequeña que nunca se usa sola y que aporta significado o matiz; puede colocarse delante de la base (prefijo), detrás (sufijo) o entre la base y el sufijo a modo de simple enlace (interfijo). La palabra derivada o derivado es el resultado del proceso, y el conjunto de todas las palabras que comparten una misma base constituye la familia léxica (por ejemplo: pan, panadero, panadería, panecito, panera).
Los tres tipos de afijos se distinguen por su posición y por lo que aportan. Los prefijos se anteponen (des-, re-, in-, super-, pre-, entre-, anti-) y expresan negación, repetición, anterioridad, oposición, exceso; casi nunca cambian la categoría gramatical de la palabra (hacer y deshacer son verbos), con la excepción de en-, que convierte adjetivos o sustantivos en verbos (rico → enriquecer). Los sufijos se posponen y aportan significados muy variados: tamaño o cariño (-ito, -illo), tamaño grande o desprecio (-ón, -ote), oficio, recipiente o lugar (-ero, -era), acción o resultado (-ción, -miento), cualidad (-dad, -eza, -ura), proceso de conversión (-izar), capacidad (-ble), grado máximo (-ísimo) o procedencia (-és, -ino, -ense). A diferencia de los prefijos, los sufijos sí suelen cambiar la categoría gramatical (educar → educación: verbo → sustantivo; soportar → soportable: verbo → adjetivo). Los interfijos, por su parte, no significan nada por sí solos: solo sirven para unir la base y el sufijo, como -er- en comederita.
La derivación se clasifica de dos maneras. Según la posición del afijo, hay derivación sufijal (pan → panadero), derivación prefijal (hacer → deshacer), derivación parasintética, en la que se añaden prefijo y sufijo a la vez y ninguno funciona por separado (envejecer = en- + viej(o) + -ecer; no existen *vejecer ni *enveje), y derivación regresiva o impropia, que crea un sustantivo a partir de un verbo sin afijo visible, recortando la terminación verbal (saltar → salto, robar → robo). También puede describirse según las categorías implicadas: de sustantivo a sustantivo (flor → florero), de sustantivo a adjetivo (mar → marino), de verbo a sustantivo (cantar → cantante), de verbo a adjetivo (soportar → soportable), de adjetivo a sustantivo (triste → tristeza), etc.
Para analizar una derivación conviene seguir cinco pasos: localizar la base (la palabra mínima que existe de verdad y conserva el significado de origen), separar los afijos identificando prefijos y sufijos, comprobar la categoría gramatical del derivado y compararla con la de la base, explicar el significado que aporta cada afijo y situar la palabra dentro de su familia léxica. Este procedimiento permite distinguir, por ejemplo, una derivación sufijal simple de una doble derivación (panadería = pan + -ero + -ía) o de una parasintética.
Por último, es importante no confundir la derivación con otros procesos. La flexión cambia la forma de una palabra para marcar número, tiempo o persona sin crear una palabra nueva (cantar → cantamos), y la composición une dos bases completas (saca-corchos), mientras que la derivación une una base con afijos. Entre los errores más frecuentes están suponer que toda base admite los mismos afijos (existe lechero, pero no se usa *sillero con ese sentido), interpretar de forma literal el significado de algunos derivados (librería es la tienda donde se venden libros, no donde se guardan) y separar mal los afijos (en envejecer el sufijo es -ecer, no -cer).