Simbólicas de José María Eguren
Simbólicas (1911) es el primer libro de poemas de José María Eguren, poeta limeño nacido en 1874 y fallecido en 1942. Eguren pasó parte de su infancia en la hacienda Chuquitanta, en el valle del Chillón, y vivió muchos años retirado en Barranco. Fue también pintor y aficionado a la fotografía, y por eso su poesía es muy visual y llena de color. Llevó una vida tranquila y solitaria, sin buscar la fama.
Con Simbólicas, Eguren introduce en el Perú el simbolismo, corriente poética nacida en Francia a fines del siglo XIX con Baudelaire, Verlaine, Mallarmé y Rimbaud. Su principio central es que el poema no explica las cosas directamente, sino que las sugiere mediante símbolos: imágenes concretas que representan algo más profundo. Un poema simbolista funciona como un sueño: no deja un mensaje claro, sino una atmósfera y una emoción. En la literatura peruana, Eguren se ubica en el Postmodernismo, etapa que sigue al Modernismo de Rubén Darío y que busca una poesía más íntima y personal. Junto con Abraham Valdelomar, es uno de sus representantes.
El libro crea un mundo onírico, es decir, propio de los sueños, poblado de reyes, duques, princesas, muñecos, bosques y torres, como en un cuento infantil o una leyenda medieval. Eguren mira ese mundo con ojos de niño: con asombro, juego y también miedo. Usa el color de manera simbólica, como un pintor que pinta con palabras, y logra una gran musicalidad, con versos que suenan a canciones o rondas infantiles. Su lenguaje es original: emplea neologismos, arcaísmos como 'falcones' por 'halcones' y una ortografía personal, como escribir 'i' en lugar de 'y'. No trata temas políticos ni sociales; busca la belleza y el misterio. Por eso José Carlos Mariátegui, en sus 7 ensayos (1928), lo consideró el representante de la poesía pura en el Perú. Detrás del juego, sin embargo, aparecen la muerte, la tristeza y la soledad.
El poema más famoso del libro es 'Los reyes rojos'. En él, dos reyes combaten desde la aurora hasta la noche sin que haya vencedor, lo que sugiere una lucha eterna. Los colores (rojo, oro, verde, purpurino, azulino, cadmio y negro) convierten el poema en un cuadro cuya luz cambia. Palabras como 'falcones', 'fosco' y 'cadmio' revelan al Eguren original y pintor. El símbolo admite varias lecturas: la violencia humana o una visión fantástica del cielo al atardecer. Otro poema representativo es 'El duque', con personajes de nombres de especias (Nuez, Clavo de Olor) y un ritmo de ronda infantil, cuya alegría termina en tristeza. También destaca 'Las bodas vienesas'.
La importancia de Simbólicas está en que renovó una poesía peruana que aún seguía modelos románticos y modernistas, introdujo la poesía de sugerencia y abrió el camino a poetas posteriores como César Vallejo, que admiró a Eguren. Al principio fue poco comprendido, pero luego lo valoraron la revista Colónida y Mariátegui. Más tarde Eguren publicó La canción de las figuras (1916) y Poesías (1929).