Coherencia textual: el sentido único de un texto
La coherencia textual es la propiedad gracias a la cual las ideas de un texto se relacionan entre sí y forman un sentido único de principio a fin. Es lo que permite responder a la pregunta «¿de qué trata esto?» con una sola frase. Cuando una oración se sale del tema, contradice al resto o se conecta con algo que no tiene relación, la coherencia se rompe y el lector pierde el hilo.
La coherencia no debe confundirse con la cohesión. La cohesión son los pegamentos formales del texto: conectores (y, pero, porque, sin embargo), pronombres, repeticiones y referencias que unen palabras y oraciones. La coherencia, en cambio, atiende al contenido: ideas y significados que apuntan a un mismo tema con lógica clara. Se puede tener un texto lleno de conectores y seguir siendo incoherente, del mismo modo que unas piezas de rompecabezas pueden encajar entre sí y, aun así, componer una imagen incoherente si pertenecen a cajas distintas.
Un texto es coherente cuando cumple cinco requisitos: mantiene un solo tema o idea principal constante que funciona como imán de todas las oraciones; establece relaciones lógicas claras entre las ideas (adición, contraste, causa, consecuencia, temporalidad y ejemplificación); sigue un orden previsible (temporal, causa-efecto, general-particular o problema-solución); no contiene contradicciones ni saltos temáticos; y ofrece referentes claros para palabras como «esto», «eso» o «el experimento».
Además, la coherencia opera en dos niveles. La coherencia local se da entre oraciones vecinas y falla cuando aparece una frase suelta o un pronombre ambiguo. La coherencia global se da en el texto entero y exige que el título, los párrafos y la conclusión giren alrededor de la misma idea principal. Ambas deben cumplirse: un texto puede entenderse párrafo por párrafo y, sin embargo, no decir nada en conjunto.
Para detectar incoherencias existe un método de cinco pasos: subrayar el tema del texto, resumir cada oración en muy pocas palabras, dibujar las flechas lógicas entre oraciones consecutivas, buscar la oración huérfana que no recibe ni envía ninguna flecha, y revisar por último el orden y los referentes. Aplicado al ejemplo clásico del insomnio, este método revela rápidamente que una oración sobre el tomate y el licopeno rompe la coherencia del párrafo. Por último, conviene evitar tres errores frecuentes: creer que muchos conectores garantizan coherencia, pensar que entender cada oración por separado basta y confundir un buen orden con coherencia plena.