Disciplinas filosóficas
Las disciplinas filosóficas son las ramas en que se organiza la filosofía según el tipo de pregunta que cada una estudia. La filosofía no formula un solo tipo de interrogante: pregunta por lo que existe, por lo que podemos conocer, por lo que vale y por lo que debemos hacer. Cada conjunto de preguntas constituye una disciplina con su propio objeto de estudio y sus propias herramientas. Conocerlas permite identificar con rapidez qué rama conviene aplicar a cada problema, lo cual es el primer paso para responder bien en vez de responder otra cosa.
Las disciplinas se ordenan en tres grandes familias. La familia del ser reúne a la metafísica u ontología, que estudia la realidad y el significado de existir, y a la antropología filosófica, que estudia la naturaleza humana. La familia del saber comprende la epistemología o gnoseología, que analiza el conocimiento; la lógica, que estudia el razonamiento correcto; y la filosofía del lenguaje, que examina la relación entre palabras, pensamiento y mundo. La familia del valor y la acción incluye la axiología, que estudia los valores; la ética, que juzga la conducta; la estética, que trata de la belleza y el arte; la filosofía política, que reflexiona sobre el poder y la convivencia; y la filosofía de la historia, que pregunta por el sentido del devenir histórico.
Estas ramas no son compartimentos estancos. La lógica funciona como herramienta común de todas, pues garantiza la forma válida de los argumentos aunque no juzgue su contenido. La axiología es la base de la ética y de la estética: primero se define qué es un valor y luego se aplica a la conducta o a la belleza. A su vez, la metafísica y la epistemología se condicionan mutuamente, y la antropología filosófica depende de las decisiones metafísicas sobre de qué está hecho el ser humano.
Aplicar estas disciplinas exige un método: identificar la pregunta real, fijar un criterio propio de la disciplina elegida (por ejemplo, el criterio consecuencialista o el deontológico en ética), aplicarlo, apoyarse en la axiología para jerarquizar los valores en juego y, si el problema atañe a las normas de todos, pasar a la filosofía política. El caso de una empresa que contamina un río sin infringir la ley ilustra el resultado: lo legal y lo moral no son lo mismo, y una conducta puede ser incorrecta aunque esté permitida.