Características del lenguaje humano
El lenguaje humano es un sistema de signos verbales articulado, aprendido y creativo que permite representar la realidad, comunicar pensamientos y organizar el pensamiento abstracto. No debe confundirse con la comunicación en general, que también poseen los animales: lo que estudiamos aquí son las propiedades exclusivas que diferencian al lenguaje humano de cualquier otro código animal o artificial. Estas propiedades son de tres tipos: formales (arbitrariedad y doble articulación), funcionales o expresivas (productividad, recursividad, desplazamiento, reflexividad y prevaricación) y biológico-sociales (innato en su capacidad, cultural en su realización).
La primera propiedad fundamental es la arbitrariedad: no existe ninguna relación natural ni motivada entre el significante (sonido o grafía) y el significado (concepto). La palabra 'árbol' no se parece en nada al objeto que designa; basta comparar que en inglés se dice 'tree' y en quechua 'sacha' para demostrar que el vínculo es convencional. Solo las onomatopeyas como 'miau' o 'crash' son parcialmente motivadas, y son una minoría dentro del sistema. Esta arbitrariedad es justamente lo que hace al lenguaje convencional y flexible.
La segunda propiedad es la doble articulación, propuesta por André Martinet. El lenguaje se organiza en dos niveles de unidades: en la primera articulación encontramos los monemas (lexemas y morfemas), que sí tienen significado, como 'niñ-' + '-o' + '-s' = 'niños'; en la segunda articulación están los fonemas, unidades sonoras sin significado propio, como /n/, /i/, /ñ/, /o/, /s/. Gracias a esto, con un inventario muy pequeño de sonidos —unos 24 fonemas en el caso del español— podemos construir una cantidad infinita de unidades con significado. Es la máxima economía posible.
La tercera propiedad agrupa la productividad y la recursividad. El hablante puede crear y comprender mensajes totalmente nuevos que nunca antes ha escuchado: no repetimos frases memorizadas, sino que las generamos mediante reglas. Por eso un niño puede decir 'el dinosaurio desayunó helado' sin haberlo oído jamás. La estructura Oración → Sintagma Nominal + Sintagma Verbal puede expandirse recursivamente un número N de veces, donde N tiende a infinito. La recursividad consiste precisamente en insertar una estructura dentro de otra del mismo tipo: 'María dice [que Juan cree [que Ana piensa [que...]]]'. Esto permite el pensamiento complejo, la argumentación y la subordinación lógica, y ninguna comunicación animal posee recursividad sintáctica.
La cuarta propiedad es el desplazamiento: podemos hablar de lo ausente en el tiempo y en el espacio. Hablamos del pasado ('Ayer fuimos a la playa'), del futuro ('Mañana lloverá'), de lo irreal o ficticio ('Si los unicornios existieran...') y de lo abstracto ('la justicia', 'la libertad'). Los animales, en cambio, solo reaccionan a estímulos presentes, aquí y ahora, como la alarma ante un depredador que está frente a ellos.
La quinta propiedad reúne la reflexividad y la prevaricación. Por un lado, el lenguaje sirve para hablar del propio lenguaje: 'La palabra característica es esdrújula' o '¿Qué significa desplazamiento?'. Esta función metalingüística es la base de la gramática, el diccionario y la lingüística como ciencia. Por otro lado, podemos usar el sistema para falsear la realidad de forma intencional: mentir, ironizar, fingir o crear ficción. En los sistemas de señales animales esto es imposible, pues son siempre veraces y automáticos.
Finalmente, las características biológicas y sociales completan el cuadro. La capacidad de lenguaje es innata y universal: todo niño sano, sin importar su cultura, está biológicamente predispuesto para adquirir cualquier lengua si se expone a ella; no se enseña, se adquiere. Pero la lengua concreta —español, aimara, inglés— es aprendida y cultural: se adquiere por socialización y se transmite de generación en generación. Prototípicamente el lenguaje es articulado vocal-auditivo: se produce con el aparato fonador y se percibe por el oído, aunque puede trasladarse al canal visogestual (lengua de señas) o gráfico (escritura). Además, los roles de emisor y receptor son intercambiables: todo hablante puede hablar y escuchar, algo que no ocurre en la comunicación animal, donde los roles suelen estar fijos.
En resumen, para el examen: el lenguaje humano es arbitrario, doblemente articulado, productivo, recursivo, desplazado, reflexivo y prevaricador, además de innato en su capacidad y cultural en su realización. Si una pregunta pide diferenciar el lenguaje humano de la comunicación animal, las cuatro características más evaluadas son desplazamiento, productividad, doble articulación y arbitrariedad.