La Ilustración: la razón frente al absolutismo
La Ilustración fue un movimiento filosófico y cultural europeo desarrollado sobre todo entre 1715 y 1789, conocido como el Siglo de las Luces. Su idea central es sencilla y revolucionaria: la vida humana —la sociedad, la política, la economía y la moral— debe organizarse según la razón y la ciencia, y no según la costumbre, la superstición o la autoridad que no se justifica. «Ilustrar» significa dar luz al entendimiento, y esa luz es la capacidad de pensar con lógica, pedir pruebas y discutir las normas. En 1784, Immanuel Kant resumió el espíritu del movimiento con la frase latina «Sapere aude», «atrévete a pensar por ti mismo».
El movimiento no surgió de la nada. Responde a causas concretas: el descontento frente al absolutismo monárquico y su fundamento en el derecho divino (el rey recibe su poder de Dios y, por tanto, no admite límites); el avance de la Revolución científica, con figuras como Newton, que demostró que la naturaleza funciona según leyes descubribles con la razón y la observación; el crecimiento de una burguesía con dinero y cultura pero sin poder político; la aparición de nuevos espacios de debate —salones, cafés, sociedades científicas, logias masónicas y prensa— que crearon la opinión pública; y el ejemplo del modelo inglés, que limitaba al rey y separaba los poderes desde la Carta de Derechos de 1689.
Los principios ilustrados son el racionalismo crítico (toda idea debe justificarse ante la razón), el empirismo (el conocimiento nace de la experiencia; para Locke, la mente es una tabula rasa), los derechos naturales (vida, libertad y propiedad), la tolerancia y la libertad de conciencia, la fe en el progreso mediante la educación y las buenas leyes, el origen convencional del poder, la soberanía popular, la separación de poderes, la igualdad jurídica y la secularización del Estado. Sus pensadores más influyentes fueron Locke, Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Diderot y D'Alembert, Beccaria, Adam Smith, Mary Wollstonecraft y Kant, con obras como el Ensayo sobre el gobierno civil, El espíritu de las leyes, El contrato social, la Encyclopédie o De los delitos y las penas.
Tres conceptos deben dominarse con profundidad. El contrato social es un acuerdo imaginario por el que los ciudadanos ceden parte de su libertad a un gobierno a cambio de protección y justicia: la legitimidad del poder igual al consentimiento de los gobernados, de modo que un gobernante que abusa rompe el contrato. La separación de poderes, de Montesquieu, divide el poder en legislativo, ejecutivo y judicial para evitar la tiranía, de forma que las tres ramas se controlan mutuamente. La voluntad general de Rousseau distingue la suma de intereses particulares (voluntad de todos) del interés común del pueblo como conjunto, de modo que quien obedece la ley que él mismo ayudó a crear es, en el fondo, libre.
Las consecuencias históricas fueron profundas: la Independencia de Estados Unidos (1776) y su Constitución de 1787, la Revolución Francesa (1789) y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, las reformas del derecho penal inspiradas en Beccaria, el despotismo ilustrado de Carlos III, Federico II o Catalina II («todo para el pueblo, pero sin el pueblo») y las constituciones liberales del siglo XIX. Conviene advertir que la Ilustración no es la Revolución Francesa: la Ilustración es el conjunto de ideas, mientras que las revoluciones fueron los hechos que las aplicaron, de manera parcial y a veces contradictoria.